Doy gracias por el ministerio del Obispo Ackerman y ruego que su jubilación le ofrezca una oportunidad para recuperar su salud. El pueblo de la Diócesis de Quincy continúa en mis oraciones y en las de muchos, muchos otros episcopales. Les exhorto a recordar que en esta Iglesia hay sitio para todos los que deseen ser miembros de ella.